martes, 18 de agosto de 2020

Significación a Alfonso López Pumarejo Por Leopoldo Pinzón Moncaleano





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Tomado de;

MURCIA Godoy T (2012) Leopoldo Pinzón Moncaleano, Significación a Alfonso López Pumarejo, anexo 3, " Informe Taller Comunitario. El museo como escenario de aprendizaje y experiencias sensoriales y ciudadanas". Honda Tolima

viernes, 14 de agosto de 2020

El adiós a una ilustre matrona. Dilia Camelo de Pava por William Calderón Zuluaga


Dilia Camelo de Pava, junto a su hijo Humberto Pava Camelo

.La Barca de Calderón se suma al duelo que embarga a una de las familias más preciadas de la radiodifusión colombiana por la sensible desaparición de la respetable matrona Doña Dilia Camelo de Pava.

Había nacido en Honda, Tolima, el 7 de abril de 1928. Es decir, murió antes de cumplir 88 años. Tuvo 9 hijos, y casó con el ex embajador y senador, Jaime Pava Navarro, también tolimense.

Ella fundó con el senador, Aliños Sancho, una empresa familiar increíble, que se desarrolló en todo el Tolima Grande y en Cundinamarca.

Pero su gran apoyo, fuera de levantar una familia muy unida, fue en la creación de la Cadena Súper. Realmente fue una batalla titánica para lograr lo que hicieron realidad. Ambos conservadores de pura cepa, libraron cada instante para hacer firme sus convicciones en medios tan respetados. Varios de sus hijos, con su apoyo, hicieron radio y política: Humberto, Álvaro, Henry (qepd), Ernesto y Juan Carlos, hoy luchando contra un cáncer de páncreas.

Doña Dilia acompañó siempre al senador, también falleció, en sus campañas políticas en Tolima y el país, nunca lo desamparó. Era una verdadera escudera.

Ambos brillaron en el servicio diplomático: fueron pareja de embajadores en República Dominicana, Panamá y Australia. La carrera diplomática la volvió una persona más casera. Las embajadas, siempre tenían al día las delicias de los tamales, la lechona y demás. Tuvo fama de gran anfitriona.

Era una obsesionada de la panadería, creó Pan Tolima, con seis sedes en la capital. Sus productos bandera, Pan de Mija, Pan de aquella, bautizados con música por otro desaparecido, el gran maestro Jorge Villamil, quien les hizo a los esposos Pava Camelo una bella canción. Fueron verdaderamente uña y mugre.

Fue tan noble que recibió en el hogar de sus hijos con el senador  a dos hijas, extramatrimoniales, y les entregó cada derecho y opción, como si las hubiera concebido ella. Una verdadera mamá. A la última, inclusive, le dio su apellido, ya que la madre de esa chica había fallecido.

Doña Dilia rezaba para que todo fuera bueno en la Radio. El notable comentarista deportivo Oscar Restrepo Pérez trae esta remembranza: “Cuando se marchó Pastor Londoño, y nos quedamos con el Mundialista Sergio Ramírez, llenó de veladoras toda la emisora, y creo que sirvió, porque la sintonía nunca decayó; al contrario, creció. Ella era muy devota. Una persona cariñosa y sencilla.

Humberto, su hijo mayor, la destaca como una verdadera colombiana, orgullosa de su tierra Honda y de todos los lugares del departamento del Tolima. Un golpe muy duro  fue cuando murió Henry ,quien por algunas imposibilidades físicas y de movimiento, ella lo adoraba. Henry fue una persona sin complejos, pero le despertaba un tremendo cariño a doña Dilia.

Sufrió y gozó; era amante de la música, las fiestas, y la fotografía.

Doña Dilia Camelo será recordada toda la vida, por los que la conocimos y disfrutamos como un ser Humano desprendido y sin ambiciones.

¡Que el Señor la tenga en su Santo Reino!

(19 de febrero de 2016).

Tomado de; https://www.eje21.com.co/2016/02/el-adios-a-una-ilustre-matrona/

lunes, 27 de julio de 2020

Recordando a Miguel Rondón "Miguelito"

Tiberio Murcia Godoy y Miguel Rondón
(Foto Carlos Arturo López Méndez. 27 de julio de 2017)
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Con el famoso Miguel Rondón, del Barrio Bogotá, él en su juventud fue amigo de andanzas con Pepe Cáceres, Jaime Pava Navarro y Zoilo Gómez. Es natural de Lérida, y este 29 de septiembre cumplirá. 85 años. Una anécdota interesante fue que duro 2 años sin hablar, y su compañía era un perro y un mico. Él había seguido los consejos de un libro de Sinmungd Freud "El valor de la palabra" (Fotografía Carlos Arturo López Méndez, . 27/07/17)

domingo, 26 de julio de 2020

Adiós, Jaime' por Felipe Lozano

Jaime Alfonso Torres Sánchez
qepd
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Pude verte otra vez. Yo estaba en una reunión fuera de la Tierra y desde la enorme ventana de la nave veíamos el planeta. Era la típica esfera azul con manchas verdes en medio de un fondo negro con salpicaduras blancas. Me quedé mirando a la Tierra un rato y noté que algo sobresalía en medio del verde continente que en ese momento nos daba la cara: había una pila de la que brotaba mucha agua.

Me acerqué más a la ventana y me incliné para enfocar mejor. Creí saber su ubicación. “¿Allí?”, me dije en voz alta y fue como si la pregunta me hubiera empujado bruscamente hacia el planeta, justo al punto donde estaba la pila. Comencé a perder mi cuerpo durante el aterrizaje hasta que me convertí en un soplido ligero y ágil que se abría paso entre las casas coloniales coloridas, de cuyos balcones colgaban las veraneras. Reconocí las calles y las viviendas y confirmé que la pregunta era a la vez una afirmación: sí, allí vi la pila de la que salía agua a borbotones. Era cuestión de doblar la esquina para llegar a tu casa de lata. Vi tu balcón y te encontré sentado en tu mecedora. Notaste mi presencia y te alegró tanto verme que sonreíste igual como la noche en la que te conté el incidente de la obra de teatro en la que fui Camilo Torres y el lío en el que me metí.


El viaje era veloz por mi condición volátil, pero me diste tu mano y quedamos suspendidos en el tiempo lo necesario para tomarnos con fuerza. Sentí tu tibieza y solo bastó ese último contacto para agradecerte por todo lo que hiciste. No era así el encuentro que te pedí en una carta que alcanzaste a leer antes de irte, pero aún estoy aprendiendo, Jaime, que no todo puede ser como quiero.

Soltamos nuestras manos y salí despedido a la deriva en ondas de colores a mi cama, donde desperté al lado de María, quien recuerda cómo nos dijiste adiós con tu mano esa noche en la que volviste a darnos alientos para vivir.
Te vi de nuevo, Jaime, feliz y tranquilo. En la oscuridad de mi cuarto y despierto, te dije adiós, sonriendo. El café que quedó pendiente ya no es tan importante: volví a verte y tuve el privilegio de que me hayas llamado para despedirte.
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Tomado del Facebook de  

Felipe Lozano julio 26 de 2020